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Pedir “la firma” para un Préstamo.

Cuando tuviste dificultades, tropiezos y tu historial de crédito muestra problemas para poder pagar tus obligaciones, pedir la firma puede ser la única opción entre conseguir el préstamo y no conseguirlo. En muchos casos, ante perfiles de usuarios con problemas, poseer un aval o un garante resulta casi un requisito indispensable.

Ahora, esta nota te va hacer reflexionar respecto de cuando vale la pena hacerlo y en que situaciones avanzar, y cuando el remedio a un apuro temporal es peor que la enfermedad.

Nadie pone en duda cuanto puede simplificar la obtención de un crédito pedir la firma al padre, madre, hermano, primo , cuñado, vecino, compadre, o persona de confianza que no solo desea ayudarte, sino también tiene algunos ahorros inmovilizados que te pueden sacar del paso.  Pero ponerse en los zapatos de quien la presta ( a la firma ) es un ejercicio que vale la pena hacer. Comencemos.

¿“Prestar” la firma te puede arruinar la vida?

Algunos comportamientos financieros que suelen darse en confianza pueden traer aparejados serios problemas e incluso la ruptura de vínculos.

En 2014, una crónica del diario Los Andes de la Provincia de Mendoza narraba el calvario de una mujer y su hijo, quienes atrapados en las redes del préstamo de una firma habían llegado a pensar hasta en el suicidio. Al parecer, ella le había pedido a su progenitor la firma para apoyar a un amigo en el alquiler de un local comercial. Su amigo nunca pagó el alquiler y el hijo debió abonar 36 meses de alquiler, costas legales y, para colmo de males, los abogados nunca transfirieron el dinero de los pagarés por lo que el conflicto, al momento, llevaba 8 años y una demanda por más de 30 mil pesos.

“Prestar” la firma: Ser cofirmante en un crédito, préstamo, garante en un alquiler o al solicitar una tarjeta de crédito puede traer aparejados muchos riesgos, siendo el primero el de destruir el vínculo con el ser querido al que se confía el acuerdo, seguido de la posibilidad de enfrentar serias consecuencias legales y/o embargos, tal como lo confirma la historia de terror previamente citada.

El garante o cofirmante, como lo dice la palabra es una persona que ofrece sus bienes en garantía para que alguien que no posee activos acceda a un crédito o alquiler; esta figura asume el riesgo que no toma el banco al realizar un préstamo.

Es cierto que para muchos la única posibilidad de acceder a un préstamo y apostar a crecer es a través del apoyo de un garante. El primer alquiler de un joven suelen estar avalado por la firma de sus padres (o al menos uno de ellos), la posibilidad inicial de un negocio exitoso, en muchas oportunidades, ha surgido del “aguante” de un amigo o familiar con respaldo económico o de bienes. Es una figura necesaria, sobre todo en un mundo en que muchas entidades financieras o bancos evitar asumir el riesgo de prestar a titulares sin activos.

Esta figura de co-firmante es tan necesaria (para el solicitante y el banco) como riesgosa para quien “presta” su firma.

Según estadísticas de finanzas, en casos de incumplimiento en el pago de un crédito, tres de cada cuatro veces, son los co-firmantes o garantes quienes terminan “pagando los platos rotos”,por lo que no se trata de una inseguridad fantasiosa o un pensamiento pesimista, sino uno real y basado en lo cotidiano.

Muchas veces, frente a cualquier dificultad de cobro, las entidades financieras acuden directamente al co-firmante, quien debe hacerse cargo de saldar la deuda, pero no sólo esto, sino también costear cualquier gasto extra que la entidad financiera haya tenido en el proceso de cobro (sean costas judiciales, administrativas o penalidades).

Para dar con su cometido, el banco puede hacerse del dinero por cualquier medio legal permitido, por lo que tienen el derecho de embargar bienes, sueldos y cualquier tipo de activos del garante hasta saldar la deuda que se contrajo.

Por esto, y teniendo en cuenta que hay personas (hijos, padres, amigos muy cercanos) y situaciones en las que resulta imposible no “prestar” la firma, es importante tener en cuenta algunos puntos sobre los que es necesario reflexionar y aclarar antes de hacerlo:

 

  • Hacerlo sólo si se tiene la seguridad de que en la peor de las situaciones se estará en condiciones económicas de tomar responsabilidad por la deuda.
  • – Tener en cuenta que frente a cualquier dificultad se vería afectado el historial crediticio
  • – Tener claras las consecuencias en el peor de los casos, enfrentarse a procesos judiciales, perder ahorros, propiedades o activos.
  • – Es posible solicitar al prestamista que informe al cofirmante en caso de una interrupción o irregularidades en el pago.
  • – El cofirmante puede pedirle a la entidad crediticia un balance de cuál sería el monto al que debería enfrentarse en caso de quedar como único responsable.
  • – En algunos casos puede darse un acuerdo previo entre garante y prestamista respecto a las responsabilidades del primero, acotando las mismas al pago de la deuda y no las costas.
  • – Pedir copias de todos los documentos firmados y acuerdos que comprenda el crédito préstamo o alquiler.

 

La decisión de “prestar” la firma siempre está vinculada un contexto afectivo, nunca es un desconocido quien lo pide, por lo que es importante apartarse del vínculo por un momento y reflexionar en los aspectos antes citados, tomar la decisión, y de ser por sí también los recaudos necesarios. No necesariamente es algo malo, pero sí un riesgo y, se lo asumir tomar como tal.

Si estás del lado de quien debe “pedir la firma”, seguro esta nota puede ser desalentadora, pero esta dosis de realidad te va a hacer notar que hay tanto en riesgo que pedir la firma es un acto que se justifica en situaciones especiales ( iniciar un negocio, afrontar un problema de salud, adquirir o alquilar una casa ) pero nunca para hacer un viaje, cambiar el auto y directamente volcarlo al consumo.  Tanto el tomador como el firmante pueden arrepentirse de por vida.

 

 

 

 

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